“Quiero que mis obras choquen con el espectador con la misma intensidad con que chocan todas sus partes entre sí, por pequeñas que sean. Una ficha de nácar sobre una mancha. Un número junto a una piedra. Una bestia de oropel. Una quimera de humo.”
Jorge de la Vega
A partir de 1963, tras su regreso de París, de la Vega consolida un quiebre estético radical que define a esta etapa de su producción plástica.
Las telas se transforman mediante un collage-bricolaje extremo donde emergen monstruos y quimeras que caracterizan al período Bestiario de las Obras de Jorge de la Vega, utilizando elementos de desecho de la sociedad de consumo, texturas rugosas, telas arrugadas y espejos incrustados, influenciado por el existencialismo y la crisis del lenguaje representativo tradicional.